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YO RESILIENCIO, TÚ RESILIENCIAS, NOSOTROS…

Actualizado: jun 26

Muchas veces nos hemos preguntado como es que algunas personas parecen enfrentarse más efectivamente a las adversidades que otras y de qué depende ello. Hasta el momento no existe una receta mágica y tampoco depende directamente de las circunstancias del medio ambiente; las personas aprendemos a emerger de los conflictos y crisis vitales poniendo en práctica nuestras habilidades de resiliencia.


La resiliencia es la capacidad para adaptarse y afrontar con eficacia las situaciones adversas, críticas o altamente estresantes. Es algo así como “rebotar” en las experiencias difíciles. Desde la física, resilienciar implica que un cuerpo sometido a condiciones adversas, conserve la plasticidad necesaria para recuperar su estado o forma natural, implica también “botar” en las crisis, no permanecer estáticos, sino movernos, cambiar para adaptarnos, sobrevivir y salir fortalecidos y enriquecidos del evento.


Sabemos que cada persona tiene un patrón de recuperación según su experiencia, educación, recursos personales, etc., sin embargo, de ninguna manera infancia es destino. Se cree erróneamente que las personas que padecieron abusos, carencias, pérdidas no elaboradas, etc., tendrán menos posibilidades de resignificar dichos eventos y por ende irán por la vida replicando el dolor de sus primeras experiencias ¡NO! Cualquier persona puede aprender y desarrollar sus capacidades resilientes. Las personas que se dan así mismas la oportunidad de aprender de sus experiencias y que perciben las mismas cómo oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal, que se buscan, se encuentran y se reconocen en toda su extensión, que practican el autoconocimiento y el desarrollo de sus áreas de oportunidad, que se enfrentan a sus temores con un tono de motivación, empeño, esfuerzo y amor por lo que hacen, son quienes afrontan de mejor manera las adversidades.


¿Cómo ejercito mi capacidad de resiliencia?


  • ¡CONÓCETE, DESCÚBRETE! La persona que se conoce y busca alternativas para seguir mejorando y creciendo, que se cuida, se quiere y se procura, tendrá siempre mayores posibilidades de contender de manera efectiva ante las situaciones difíciles. Conocerse y cuidarse implica mantenerse siempre abiertos a compartir, conocer, convivir y aprender.

  • CREA TU RED DE APOYO: Contar con una amplia red de apoyo no sólo familiar sino también social en la cual poder recargarnos y restaurarnos siempre que lo requiramos. Implica también interactuar de manera positiva con los demás, estar prestos para ayudar a otros si está a nuestro alcance hacerlo, manteniendo una comunicación directa y congruente con el exterior, lo que nos permitirá contar con una red importante de apoyo cuando necesitemos hablar con alguien.

  • INTROYECTA: Escribir sobre nuestras experiencias, pensarlas, entenderlas antes de actuarlas, enfocarnos en la situación que hay que resolver con todos sus componentes (sentimientos, personas involucradas, etc.) aprender a contemplar todas las alternativas posibles de solución, recordar que en el pasado hemos tenido muchos aciertos o bien, hemos aprendido de los errores cometidos, No vivir del pasado ni preocuparnos demasiado por lo que vendrá, mantenernos en el aquí y ahora.


  • ESTABLECE LÍMITES SIN MIEDO: Las personas que se aman tienen tiempo para todo, para todos y para sí mismos, evitan exponerse a situaciones estresantes o sobre cargarse innecesariamente, conocen los caminos para recuperarse, descargar, poner fuera, sublimar y restaurarse, respiran profundamente, se mantienen ocupadas, no descuidan su imagen personal, se alimentan saludablemente, duermen lo necesario, realizan actividades físicas, se conectan con personas positivas y ellas mismas miran desde otra perspectiva lo que les ocurre procurando centrarse en lo mejor que pueda salir de eso, eligen no sufrir, lloran, se enojan pero nunca le dan el control de sus vidas al evento o a sus emociones, hacen contacto, sienten, sueltan y siguen adelante.


Puede ser que no nos hayan enseñado a hacer esto cuando niños, es posible que no sea nuestra infancia la mejor etapa de nuestras vidas; que hayamos experimentado abandono, pérdidas, maltratos, deficiencias, contradicciones, etc., o por el contrario que hayamos tenido padres sobreprotectores que nunca permitieron que aprendiéramos de las circunstancias asumiendo la responsabilidad por nosotros. En cualquier caso, será importante conocernos, saber que está bien sentir miedo, tristeza, vulnerabilidad ante los eventos críticos, conocer y fortalecer nuestros repertorios conductuales, nuestra manera particular de reaccionar ante las eventualidades y estar siempre dispuestos a incrementar ese arsenal y mejorar nuestras respuestas, aprender a manejar nuestras emociones, a expresarnos de manera asertiva, respetando siempre al otro, pero sobre todo a nosotros mismos.

Autor: Lic. María Cecilia Paniagua Sánchez

Psicoterapeuta Humanista con Perspectiva de Género, Especialista en Adolescencia y Parejas.

MIEMBRO DEL GRUPO DE PSICOPEDAGOGOS IDENAP

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