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"LA INOCENCIA, UN PRIVILEGIO DE LA INFANCIA".

"Si pudiéramos ver el mundo con los ojos de un niño, veríamos la magia en todo".


Sin duda, la mirada de un niño es diferente a la de un adulto, pues este mantiene una sencillez, confianza y dulzura que le provee de un brillo especial en los ojos. En su cotidianeidad refleja ilusión, sorpresa y la confianza de creer en cada una de nuestras palabras, y es que al final, nuestros hijos están llenos de sueños. ( Leer."Paciencia y amor, la clave para su desarrollo")

Para los adultos, enfrentar este hecho no es nada fácil, ya que dentro de un mundo globalizado que enfrenta constantes cambios y ante esta situación de encierro por la pandemia, pareciese que nada juega a favor de preservar la inocencia de nuestros pequeños. Pero nuestro papel como padres es fundamental para garantizar que esta transición a la madurez sea agradable para poder mantener el interés y curiosidad de sus mentes.

Es por ello, que la imaginación suele ser uno de los más grandes tesoros de un pequeño al que el mundo le abre un sin fin de posibilidades, para poder maravillarse y mantener un asombro hacia esas pequeñas cosas simples de la vida; y por lo tanto, su capacidad de respuesta será tan significativa para permitirle expresarse por sí mismo y saberse relacionar con otros, además de ser primordial para el desarrollo de su pensamiento abstracto, el cual le ayudará a resolver los problemas que pueda enfrentar a lo largo de su vida.

Si deseamos que nuestros pequeños sean seres autónomos y autosuficientes, debemos afrontar el compromiso de brindar una infancia plena, pues ese niño habrá de crecer.


Pero ¿Cómo apoyar a que esa capacidad de asombro no sé pierda u agote?

  • Obsérvalo y escúchalo: ¡No perdamos la costumbre de sucumbir a las inigualables ocurrencias de nuestros hijos!, mantengamos la paciencia de responder a sus por qué de la vida y cuidemos de la conexión que mantenemos con ellos. Siempre que sea necesario baja a su altura para expresarle la situación de las cosas.

  • Recuerda que no es un adulto: Llegará el día en que tu hijo hable como un adulto y razone como tal, pero en tanto ello ocurre, disfrútalo y permítete el lujo de jugar con ellos, presta atención a sus interés o miedos.

  • Evita la imposición “forzada” de reglas: Si queremos que aprenda y participe dentro de las actividades, debemos involucrarlo a través de tu ejemplo y de una manera divertida pues ellos aprenden por imitación, recuerda que estas actividades deben ser acorde a su etapa de su desarrollo.

  • Mantener las rutinas: Esto le brindará seguridad y una noción del tiempo para poder hacer sus tareas de manera adecuada y armoniosa. Guiarlo en su propio camino es fundamental para propiciar la unión y colaboración en su crecimiento.

  • Fomenta espacios de esparcimiento: Sin duda para ser ejemplo de nuestros hijos es necesario que como padres realicemos actividades que sean de nuestro gusto y poder recargarnos, pues también tenemos un niño interior que nos pide atención.

  • Brinda tiempo de calidad: Tómate un momento en el que sientas que tienes la disposición para poder compartir en familia. Recuerda, más vale calidad que cantidad, disfruta de los recuerdos que puedas compartir.

  • Fortalecer su autoestima: Manifiesta abiertamente sus cualidades y habilidades, así habrá una aceptación positiva de sí mismo; y por el contrario, si hay algo que corregir debe ser de forma personal.

El tiempo pasa y los recuerdos que guardes de tus hijos son el mayor regalo de la vida, disfruta de su niñez e inocencia, y aprecia la vida a través de sus ojos.


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AUTOR: Lic. Evelyn Nathaly Ramos Guzmán

Psicóloga Humanista, Mtra. en Desarrollo Organizacional con Especialidad en Educación Infantil y del Adolescente, Diplomados en Intervención de la Educación Especial e Inclusión.

Miembro del equipo de Psicopedagogos IDENAP

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